Los Mayas
Los mayas desarrollaron en Mesoamérica una de las más altas civilizaciones de la América prehispánica.
Desde comienzos de la era cristiana hasta el siglo XVI, y en un área que comprende el sureste de México, Yucatán y Guatemala, este pueblo enigmático e imaginativo dedicó su existencia a descifrar los secretos del tiempo.
Para conseguirlo observó los astros, inventó calendarios, creó escrituras pictográficas y levantó edificios con técnicas novedosas.
Pero su arte y su ciencia no fueron una actividad profana sino la necesidad de satisfacer los deseos de los dioses. Sin embargo, y de forma aun incomprensible, las ciudades y los templos fueron abandonados. Hoy sólo quedan las piedras.
Los herederos de esa cultura habitan los altiplanos de México y Guatemala pero el conocimiento que hizo posible aquella forma de arte y de ciencia se perdió para siempre.
Formación, apogeo y declive de los mayas
Durante lo que se llama periodo formativo (200 a.C. a 300 d.C.) se establecieron en las selvas del sur de México, Yucatán y Guatemala poblaciones de economía agrícola y lengua maya. Estas poblaciones adquirieron unas características culturales muy evolucionadas, que constituyeron el preludio de la gran civilización maya.
Es en el periodo clásico (300 a 900 d.C.) cuando toma forma definitiva y vive su apogeo el pueblo maya. Las ciudades de las tierras bajas se enriquecieron con espléndidas construcciones: Tikal, Palenque, Copán, Yaxichilán, etc., se poblaron de templos y estelas con inscripciones calendáricas.
Estas ciudades, aunque guardaban ciertas semejanzas culturales, lingüísticas e incluso políticas, tenían instituciones y costumbres distintas.
Según Thompson, debieron de constituir federaciones de ciudades-estado, con un gobierno y una casta sacerdotal dominante. A partir del 750 d.C. dejaron de levantarse monumentos conmemorativos (los últimos son: una estela de Tikal fechado en el 869 d.C. y otro en San Lorenzo del 928 d.C.) y comenzó una decadencia que terminó con el abandono de las ciudades. Son diversas las causas que se manejan: agotamiento de la tierra, epidemias, revoluciones internas, influencias externas...
El periodo post-clásico (900 a 1697) coincide con el abandono del eje Río Usumacinta-selva del Petén y el renacimiento de las ciudades del Yucatán tras la penetración en la zona de los Itzaes, fuertemente influidos por los toltecas del centro de México.
Chichén Itzá, Uxmal, Mayapán y otras ciudades de la zona sufrieron esta influencia que, junto con el culto a otros dioses como Quetzalcoalt o los Tloques, aportaron un espíritu más materialista y guerrero.
La cultura decayó rápidamente: la arquitectura religiosa perdió su esplendor, dejaron de construirse calzadas y juegos de pelota, los templos fueron realizados de paja y barro y se generalizó la guerra entre las ciudades.
En los altos de Guatemala, los quichés, que representaban la influencia tolteca en esta región, dominaron a sus vecinos cakchiqueles, zutuhiles y mames hasta la llegada de los conquistadores españoles en 1525.
Sólo en un remoto lugar, a orillas del lago Petén Itzá, permaneció un pequeño reducto donde los últimos Itzaes, huidos de Yucatán, se mantuvieron independientes hasta 1697.
Organización sociopolítica
El monarca de las ciudades-estado mayas se llamaba halach huinic, con poderes de carácter civil y religioso. El nombraba, de entre la aristocracia de carácter hereditario, a los jefes de las aldeas, al jefe supremo de la guerra y a los consejeros o ministros.
La clase sacerdotal, al igual que la nobleza, era hereditaria. A la cabeza estaba el ahuacán o señor serpiente. Luego venían los adivinos y los encargados de realizar los sacrificios humanos.
El pueblo, formado por artesanos y agricultores pagaba tributos tanto a la clase política como a la sacerdotal. Los esclavos, que podían serlo por nacimiento o por haber sido hecho prisioneros, constituían el grupo que surtía los sacrificios.
Religión y visión del mundo
El mundo es como una inmensa Ceiba (árbol gigante, sagrado para los mayas) cuyas hojas y ramas son el cielo, el tronco la tierra y las ramas el inframundo.
También se representa como una cruz que señala los cuatro puntos cardinales.
Todo ello fue creado por Hunab Ku, o dios único a partir del cual los mayas elaboraron un complejo panteón de dioses maléficos o benevolentes, interrelacionados entre ellos y a los que habían que satisfacer con ofrendas y sacrificios para conseguir sus favores o evitar sus castigos.
Itzamná es una especie de Júpiter maya, jefe de todos los demás dioses, inventor de la escritura y emparentado con el resto de dioses del cielo: Kinch Ahau, dios del sol.
Ixchel, diosa de la luna. Chac, dios de la lluvia. Yum Kax, dios del maíz.
Además de los dioses principales había otros relacionados con la guerra, la muerte, los números, los meses...
Calendario, numeración y astrología
Poseían dos tipos de calendario: el ritual, compuesto por 13 meses de 20 días, y el solar con 18 meses de 20 días mas 5 días nefastos. Ambos calendarios coincidían cada 52 años, cerrando así un ciclo.
El sistema métrico era de carácter vigesimal, siendo conocido y utilizado el número cero. Los números del 1 al 4 se representaban con puntos, el 5 con una barra horizontal y del 6 al 19 por medio de puntos y barras.
Como base de todo el sistema matemático y calendárico los mayas poseían un conocimiento astrológico superior al europeo de esa época. Su conocimiento astronómico se extendía igualmente a la cuenta de los periodos lunares, venusinos, etc.
Arquitectura
Los mayas alcanzaron en las artes plásticas un grado de desarrollo pocas veces igualado por otra civilización americana.
La arquitectura, tanto en la etapa clásica, como en la Puuc o en la tolteca es de una variedad extraordinaria.
Ciudades como Palenque, Tikal, Copán, Quiriguá, Yaxichilán, Uxmal y Chichén Itzá se enriquecieron con espléndidos monumentos: templos escalonados, juegos de pelota, palacios, patios con columnas, torres, acueductos, puentes, arcos de triunfo...
Las estelas conmemorativas decoradas con bellísimos relieves adornaron plazas y templos. Pero el gran hallazgo de la arquitectura maya fue la utilización de la falsa bóveda con la cual cubrieron espacios alargados y estrechos.
Los mayas de hoy
Los indígenas mayas que habitan en la actualidad las llanuras de Yucatán y las tierras altas de Chiapas y Guatemala son los herederos de una cultura milenaria, y a la vez, el resultado de casi cinco siglo de encuentros y desencuentros con el colonizador europeo.
Con la llegada de este, el indio fue obligado a abandonar su patrón de asentamiento disperso para congregarse en torno a los pueblos.
Fueron obligados también a abandonar sus dioses y cambiarlos por la religión de los conquistadores.
Ni una cosa ni otra se lograron totalmente, pero tanto la ocupación del espacio como la visión del mundo actual son el producto del sincretismo entre la cultura de los colonizadores y sus ancestrales valores prehispánicos.
Los pueblos Indígenas
Pueblos como Chichicastenango, Santiago Atitlán o San Juan Chamula son claros ejemplos de como vive el indio maya de finales del siglo XX y principios del XXI.
El centro de la vida social es la plaza del pueblo presidida por la iglesia y los edificios de las autoridades.
La población vive tanto en el pueblo como en caseríos dispersos por los alrededores.
A las afueras están las tierras de labor: pequeños terrenos en que se planta maíz, frijol, papa, calabaza...
El mundo que rodea al pueblo tiene connotaciones sagradas ya que el indio sacraliza los espacios naturales.
Algunos montes cercanos, los ríos y las cuevas son lugares de culto.
El indio vive combinando el trabajo en su pequeña parcela de terreno y trabajando como bracero para los terratenientes locales.
Los días de mercado acude a la plaza a vender, comprar y relacionarse con los suyos. Estos días y los de las fiestas aprovecha para emborracharse y olvidarse por unas horas de su dura realidad diaria.
Cofradías, curanderos y fiestas religiosas
Con el fin de erradicar el culto pagano los clérigos españoles importaron de Europa una organización socio religiosa llamada la cofradía que pretendía congregar a los indios en torno a la figura de un santo para venerarlo.
Se trata de una organización piramidal de cargos que premia la solidaridad y favorece el reconocimiento social.
Sin saberlo, la iglesia estaba implantando un sistema muy similar al que ya tenían los indios antes de su llegada, sólo que antes en vez de santos veneraban a sus dioses.
Los indios aceptaron este sistema y le dieron a los santos la antigua personalidad de sus dioses.
Toda la liturgia católica tampoco consiguió eliminar la figura del curandero o sacerdote maya, portador del conocimiento, conocedor del calendario ritual que le permite interceder ante los dioses, santos y fuerzas naturales que rodean el mundo de los mayas. Hoy, los indios sacan a los santos en procesión y van a los cerros, a las cuevas y a los ríos para sacrificar animales sin aparente contradicción. |